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martes, 6 de septiembre de 2016

La Compasión y el Dalai Lama


El hombre es básicamente bueno y su naturaleza es compasiva, dice el Dalai Lama. Cientos de estudios científicos avalan esta afirmación, indicando que la agresividad y el comportamiento violento está influido por factores biológicos, sociales, situacionales y ambientales; y todo ser humano desea ser feliz y ser tratado con consideración, respeto y afecto.

Cuando creemos en esta premisa básica, nuestra visión del mundo cambia y somos más felices.
La existencia humana está llena de esperanza aunque no haya nada que pueda garantizar nuestro futuro.
Reflexionar sobre qué es lo que le da significado a nuestra vida nos permitirá establecer prioridades y utilizar bien nuestro tiempo para ser más felices.
Los seres humanos están cada día más aislados. Se jactan de ser independientes pero no se dan cuenta que solamente para poder existir en este mundo dependen de infinidad de personas que trabajan para que puedan continuar viviendo, alimentándolos, vistiéndolos y ayudándolos a mantenerse saludables.
Muchos tienen dificultades para relacionarse y no saben cómo establecer vínculos, tienen miedo al rechazo y mantienen un estilo de vida solitario.
La única forma de abrirse a los demás es acercarse a ellos con una disposición compasiva, creando un ambiente positivo y amistoso. Esa actitud abre la posibilidad de recibir afecto y de recibir una respuesta positiva de la otra persona.
Pero la gente está esperando que sean los otros quienes actúen primero en forma positiva en lugar de tomar la iniciativa.
La compasión activa la perfección que está presente en el interior del hombre. El otro es indispensable y todos los aspectos de la vida de cada uno son el resultado del esfuerzo de los demás.
Es crucial la importancia de acercarse a los demás con una actitud compasiva y la empatía es un factor importante para apreciar el sufrimiento del otro.
Hay un nivel básico humano que trasciende las diferencias secundarias, tenemos una estructura física común, una mente, emociones, hemos nacido del mismo modo y todos moriremos. Todos deseamos alcanzar la felicidad y evitar el sufrimiento. Este es el terreno básico común para acercarse al otro.
La primera impresión que nos produce una persona puede ser equivocada, porque todo cambia cuando conocemos y valoramos los antecedentes de quien estamos tratando.
Una verdadera relación se consigue conociendo la naturaleza profunda del otro.
El Dalai Lama nos dice que para construir una relación sólida se necesita afecto verdadero, compasión y respeto mutuo.
La compasión puede definirse como un estado mental libre de agresividad, y de intenciones violentas. Es una actitud mental que desea liberar a los otros de sus sufrimientos, con compromiso, responsabilidad y respeto.
También la compasión desea cosas buenas para uno mismo y este paso es fundamental para empezar a ser compasivo con los demás.
Existen dos clases de compasión, la que incluye el apego y la expectativa de recibir lo mismo del otro y la verdadera compasión que es la que está libre del apego.
La compasión es el reconocimiento de los derechos genuinos del otro, no se relaciona con nuestros intereses personales y es el único modo compasivo que genera amor.
Cuanto más comprendemos el sufrimiento del otro tanto mayor será nuestra capacidad de compasión.
La compasión no es masoquismo porque se asume voluntariamente el sufrimiento del otro con un propósito más elevado.
En el fondo, las personas crueles son infelices porque sufren una angustiosa sensación de inseguridad y temor, incluso mientras duermen.
El desarrollo de la compasión y el altruismo tiene un efecto positivo sobre la salud física y emocional.
Las pruebas científicas apoyan claramente la postura del Daai Lama acerca del valor de la compasión. Estudios realizados en la Universidad de Harvard demostraron que la estimulación de los sentimientos compasivos de las personas eleva sus niveles de inmunoglobulina A, que es un anticuerpo que ayuda a combatir las infecciones respiratorias.
Otras investigaciones realizadas en la Universidad de Michigan revelaron que realizar trabajos de voluntariado con regularidad aumentaba espectacularmente las expectativas de vida de las personas que realizaban este trabajo y probablemente, también aumentaba su vitalidad general.

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